Quiero dejar un poema echo desde lo más hondo de mi corazón, dedicado a la memoria de un gran hombre que fue durante treinta años mi médico de familia.
Hoy quisiera ser poeta
para poder expresar,
la pena que a mí me embarga
y no se cómo arrancar,
por la pérdida de un hombre
de gran personalidad,
Ponciano Zabala Oleaga
mi médico familiar.
No es ahora del Galeno
de quien me quiero acordar,
si no del hombre sencillo
y de gran humanidad,
amable, con los humildes
igual que con los demás.
Aquí tienes a tu pueblo
que postrado ante el altar,
está pidiendole al padre
que te de su eterna paz.
Supiste aceptar la muerte
congran naturalidad,
sabiendo que te morías
dejaste escrito al final.
Quiero un entierro sencillo
sin grandes pompas y honores,
que se lo den a los pobres
lo que han de gastarse en flores.
Cada vez que en mi ventana
vea brotar un clavel,
recordaré que es la flor
que más le gustaba a el.
A todos sus familiares
manifiesto mi pesar,
que les sirva de consuelo
que los que le conocimos,
no le vamos a olvidar.
Sueños
viernes 16 de julio de 2010
lunes 5 de julio de 2010
La selección y sus detractores
El pasado sábado día 3 me encontraba viendo el partido de futbol de la Selección Española, en compañía de algunos amigos y familiares en un bar. Cuando más interesante estaba irrumpieron unos pocos jóvenes tocando música autóctona vasca (por cierto muy bien) que de momento no supe con que intención lo hacían, fue transcurriendo el tiempo hasta que finalizó el partido, y los que estábamos atentos al desarroyo del mismo pese a la dificultad de no poder oir irrumpimos en aplausos.
Fue entonces cuando me di cuenta que solo habían entrado para ofender a los que allí estábamos. Me sentí ofendida por sus comentarios partidistas, diciendo peperos y sociatas iros a Epaña. Solo pretendían probocar. No hace falta decir que el deporte es una cosa y la ideología política debe ser otra. Y si no les gusta la selección que no vayan a un lugar donde se esta dando el partido. Y por otra parte, que pasa que los populares vascos o los socialistas Vascos ¿no son tan vascos como los nacionalistas ya sean moderados o radicales?
Afortunadamente no todos son iguales y desde la diferencia pido respeto para el ciudadano
de diferente opción politica a la de ellos.
Fue entonces cuando me di cuenta que solo habían entrado para ofender a los que allí estábamos. Me sentí ofendida por sus comentarios partidistas, diciendo peperos y sociatas iros a Epaña. Solo pretendían probocar. No hace falta decir que el deporte es una cosa y la ideología política debe ser otra. Y si no les gusta la selección que no vayan a un lugar donde se esta dando el partido. Y por otra parte, que pasa que los populares vascos o los socialistas Vascos ¿no son tan vascos como los nacionalistas ya sean moderados o radicales?
Afortunadamente no todos son iguales y desde la diferencia pido respeto para el ciudadano
de diferente opción politica a la de ellos.
domingo 4 de julio de 2010
Sin Rumbo
En el río de la vida,
voy navegando sin rumbo,
como barco a la deriva,
en el mar, bravo y frofundo.
Me llavas hasta la orilla,
por tu barco remolcado,
emprendo de nuevo el viaje,
con el timón reparado.
Cuando atraque en el puerto,
allí estarásesperando,
para curar las heridas,
que este viaje me ha causado.
En mi nueva travesía,
embarcaré en tu velero,
y surcaremos los mares,
así me hare marinero,
Y en el río de la vida,
poder navegar de nuevo,
salír de las tempestades,
y llegar contigo a puerto
voy navegando sin rumbo,
como barco a la deriva,
en el mar, bravo y frofundo.
Me llavas hasta la orilla,
por tu barco remolcado,
emprendo de nuevo el viaje,
con el timón reparado.
Cuando atraque en el puerto,
allí estarásesperando,
para curar las heridas,
que este viaje me ha causado.
En mi nueva travesía,
embarcaré en tu velero,
y surcaremos los mares,
así me hare marinero,
Y en el río de la vida,
poder navegar de nuevo,
salír de las tempestades,
y llegar contigo a puerto
lunes 28 de junio de 2010
MORIR DE AMOR
En las zarzas del camino
dejo mi vida enredada
con el alma echa pedazos
el corazón se me apaga.
Me dio un zarpazo la vida
cuando menos lo esperaba
en mi rostro deja huella
y mi alma se desgarra.
llegaste tarde a mi vida
!amor! ya no te esperaba
vienes por la puerta grande
sin importarte la entrada
cuando me quise dar cuenta
me tenias atrapada.
Paso las noches en vela
y me duermo con el alba
pensando en tí vida mía
el corazón se me para
morir de amor es posible
pregúntaselo a mi alma
dejo mi vida enredada
con el alma echa pedazos
el corazón se me apaga.
Me dio un zarpazo la vida
cuando menos lo esperaba
en mi rostro deja huella
y mi alma se desgarra.
llegaste tarde a mi vida
!amor! ya no te esperaba
vienes por la puerta grande
sin importarte la entrada
cuando me quise dar cuenta
me tenias atrapada.
Paso las noches en vela
y me duermo con el alba
pensando en tí vida mía
el corazón se me para
morir de amor es posible
pregúntaselo a mi alma
miércoles 24 de marzo de 2010
VOLVER A TENER UN HOGAR
Había pasado algún tiempo desde aquel día que me llevaron a mi nueva residencia, a la edad de nueve años.
Mi abuela paterna que se encargó de mí tras la muerte de mi madre a los dos años, enfermó de gravedad, y me sacaron de su casa deprisa, sin apenas tiempo para pensar que harían conmigo.
Recuerdo con tristeza, la disciplina férrea a la que fuimos sometidas todas las niñas, que en aquella época vivíamos en aquel “hogar rural”, como así se llamaba.
Mi padre, un hombre joven, enviudó al poco de mi nacimiento. Por circunstancias de la vida, se vio obligado a vivir lejos de mí. Sólo podía verme cuando sus obligaciones laborales se lo permitían, y si había dinero para viajar 200km en autobús. (Hablo de los años 50).
Durante los cuatro años que duró mi estancia en aquella residencia, mi evolución natural era lenta, muy lenta físicamente. Emocionalmente carente de afectos que a esa edad todos los niños necesitan.
Recordaba con anhelo la casa de mis tíos tan llena de vida, de niños, todos más pequeños que yo, ¡¡¡Cómo disfrutaba yo, en aquella casa!!!
En una visita que hizo mi padre al “hogar,” me vio tan escuálida, tan enclenque, tan mal, que pensó que tenía que hacer algo conmigo o me moriría.
Decidió que lo mejor que podía hacer por mi, era sacarme de aquel lugar. Yo no necesitaba solo comer, necesitaba afecto, cariño, un beso al acostarme, una mano que me acariciara, cuando estaba triste, una sonrisa cómplice, tras alguna ingenua travesura, una regañina a tiempo….
Así que se armo de valor, se tiro a la plaza, (en términos taurinos) y a buscar una madre para su hijita.
Era difícil encontrar lo que buscaba, el era guapo, 40 años, lleno de vida. Pero el lastre de la niña era un impedimento en la mayoría de las ocasiones.
Encontró lo que buscaba, y por fin me dio aquello que tanto añoraba.
Era una mujer sencilla, buena, amante de los niños. Recuerdo sus primeras palabras, nada mas bajar del tren que me trajo hasta mi nuevo hogar.
No sabía que significaba, “lastana;” lo que si supe fue, que aquella mujer me miro con dulzura, que mis grandes y sorprendidos ojos se llenaron de lágrimas, al sentir sus manos acariciar mis pobres coletas, un cálido beso en mi mejilla, su voz, un poco aturullada, por la emoción al decirme: << lastana, desde ahora yo seré tu amatxu, si quieres me puedes llamar así>>.
Desde aquel instante me sentí una niña diferente. Volver a sentir el calor del hogar, fue el regalo más grande que podía tener.
Gracias padre por haberme dado una madre a la que quise, y me quiso, como si ella me hubiera parido, y me hizo sentir la grandeza de su alma, y el calor de un hogar ¡tantas veces soñado!
Mi abuela paterna que se encargó de mí tras la muerte de mi madre a los dos años, enfermó de gravedad, y me sacaron de su casa deprisa, sin apenas tiempo para pensar que harían conmigo.
Recuerdo con tristeza, la disciplina férrea a la que fuimos sometidas todas las niñas, que en aquella época vivíamos en aquel “hogar rural”, como así se llamaba.
Mi padre, un hombre joven, enviudó al poco de mi nacimiento. Por circunstancias de la vida, se vio obligado a vivir lejos de mí. Sólo podía verme cuando sus obligaciones laborales se lo permitían, y si había dinero para viajar 200km en autobús. (Hablo de los años 50).
Durante los cuatro años que duró mi estancia en aquella residencia, mi evolución natural era lenta, muy lenta físicamente. Emocionalmente carente de afectos que a esa edad todos los niños necesitan.
Recordaba con anhelo la casa de mis tíos tan llena de vida, de niños, todos más pequeños que yo, ¡¡¡Cómo disfrutaba yo, en aquella casa!!!
En una visita que hizo mi padre al “hogar,” me vio tan escuálida, tan enclenque, tan mal, que pensó que tenía que hacer algo conmigo o me moriría.
Decidió que lo mejor que podía hacer por mi, era sacarme de aquel lugar. Yo no necesitaba solo comer, necesitaba afecto, cariño, un beso al acostarme, una mano que me acariciara, cuando estaba triste, una sonrisa cómplice, tras alguna ingenua travesura, una regañina a tiempo….
Así que se armo de valor, se tiro a la plaza, (en términos taurinos) y a buscar una madre para su hijita.
Era difícil encontrar lo que buscaba, el era guapo, 40 años, lleno de vida. Pero el lastre de la niña era un impedimento en la mayoría de las ocasiones.
Encontró lo que buscaba, y por fin me dio aquello que tanto añoraba.
Era una mujer sencilla, buena, amante de los niños. Recuerdo sus primeras palabras, nada mas bajar del tren que me trajo hasta mi nuevo hogar.
No sabía que significaba, “lastana;” lo que si supe fue, que aquella mujer me miro con dulzura, que mis grandes y sorprendidos ojos se llenaron de lágrimas, al sentir sus manos acariciar mis pobres coletas, un cálido beso en mi mejilla, su voz, un poco aturullada, por la emoción al decirme: << lastana, desde ahora yo seré tu amatxu, si quieres me puedes llamar así>>.
Desde aquel instante me sentí una niña diferente. Volver a sentir el calor del hogar, fue el regalo más grande que podía tener.
Gracias padre por haberme dado una madre a la que quise, y me quiso, como si ella me hubiera parido, y me hizo sentir la grandeza de su alma, y el calor de un hogar ¡tantas veces soñado!
viernes 12 de marzo de 2010
Una pequeña poesía
La noche extiende su manto
de mil estrellas bordado.
Le faltaban dos luceros
que en tu cara se han quedado.
de mil estrellas bordado.
Le faltaban dos luceros
que en tu cara se han quedado.
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